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Japón en tren: 22 días por el país del sol naciente

Furano-Granja Tomita-Sapporo

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Día 8

De Abashiri a Furano. En el tren LTD. Exp. Okhotsk 4, tanto el revisor, como la chica que pasa o bien con el carrito de comida o bien con el cesto, hacen una reverencia a la salida del vagón al público en general. Sabemos por otros trayectos que en algunos trenes, los asientos, el bloque de dos, se giran 180 grados. Pues en esta línea, tras una de las paradas, vemos como de repente y todos todos a la vez, giran sus asientos como locos y sin razón aparente; rápidamente nosotras nos levantamos y hacemos lo mismo. El tren corre hacia la otra dirección, y pese a que los pasajeros nipones, en su mayoría, duermen en cualquier transporte, deciden cambiar sus asientos para ‘ver’ mejor el paisaje… A saber.

 

También nos hemos dado cuenta de que muchos de ellos, japoneses, quiero decir, hacen fotos a los paisajes con el móvil o con una cámara digital compacta. ¿Por qué si son de aquí y al parecer hacen esta ruta siempre que van al trabajo? A saber.

 

Desde Abashiri, paramos en la estación de Asahinawa para hacer la conexión hacia Furano. La mejor parada, la más cercana para ver los campos en flor (normalmente lavanda, pero no es la época ideal), es Nakafurano.

 

Desde allí, unos 20 minutos a pie hacia la derecha dirección a la famosa granja “Tomita. En el camino, plagado de libélulas, vemos ya las extensiones coloridas entre lavanda, girasoles y otras plantas.

 

La granja Tomita está espectacularmente diseñada para el público. Tiene de todo: venta de porciones de melón, como fruta o helado, productos de lavanda variados (desde jabones o geles, hasta puddings o llaveros, o té). Aparte de los souvenirs encontramos tiendecitas de flores secas, invernaderos, destilería del perfume original de lavanda de la casa Tomita… probamos melón dulce y muy anaranjado y helado de lavanda con un color, lógicamente, malva.

 

La vuelta por el mismo sitio: Nakafurano-Asahinawa, Asahinawa-Sapporo. En los meses de verano, hay un tren especial que te para a unos 7 minutos a pie de la propia granja Tomita. Por cierto, todos los campos están al aire libre, quiero decir, no se paga nada por ver.

 

Llegamos ya de noche a Sapporo, y con el peso de las mochilas y el poco tiempo que nos quedaba para coger el tren nocturno (y esta vez para dormir sin literas, directamente en el asiento), decidimos subir a la torre-mirador de la propia estación de tren JR, al piso 38, para contemplar una espectacular vista panorámica desde lo alto. Luz bajita para que no se reflejara mucho en las fotografías y así apreciar mejor la noche, y entrada gratis para mí por discapacitada.

 

Tras sellar mi cuaderno de viaje con el sellito propio del mirador, bajamos a la zona de restaurantes de la estación, y digo bajamos, pero en realidad estábamos en el sexto piso. Todo sin salir de la estación de tren. Un poco complicado, si vas algo despistado, encontrar el ascensor desde abajo hasta el mirador (piso 6F), luego te bajas ahí y sigues señales hasta la entrada del mirador, pagas, y coges otro ascensor hasta el piso 38.

 

Cenamos, como decía, comida japonesa muy rica. Yo con palillos, cómo no. Tomamos una especie de plato decorado con salmón, setas, col y otras verduras, junto con un cuenco a tope de caliente, con una base de arroz, y con carne picada picante con un huevo frito y algo parecido a pisto. Rico pero eso, picante. Con eso, grandes platos (ojo con pedir demasiado), y una cerveza (ya que te rellenan siempre en todos lados vasos de agua fresquita y gratis), vamos hacia el tren con estas combinaciones: Sapporo-Aomori (tren nocturno, no se duerme muy mal, y mejor se duerme si piensas que es gratis y que en litera, para lo que son, te cuesta casi 80 euros por persona), Aomori-Hachinohe, Hachinohe-Tokio. Llegada el día 10 a Tokio, a las 10 de la mañana, aproximadamente.

 

 

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