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Japón en tren: 22 días por el país del sol naciente

Kakunodate-Valle de Oirase-Lago Towada

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DÍA 4

A las 7 am en pie para coger bus de vuelta a la estación JR de tren y el ferrocarril a las 8.31 am hacia Kakunodate, a apenas 20 minutos de distancia.

 

Esta localidad es famosa por sus casas samuráis. El pueblo se divide en dos barrios, el de samuráis y el de comerciantes. Aparte, es famosa por la explosión de flores de cerezo en los meses primaverales, más o menos de febrero a mayo. Más de dos kilómetros de hileras de cerezos rosáceos en flor que decoran un paisaje interesante invitando al turista a adentrarse en el mundo guerrero del samurái.

Las casas de éstos, con sus clanes o parados incluso en el cementerio, mantienen hoy día el sabor de aquella época; de estilo ryokan, con sus puertas corredizas decoradas con pinturas clásicas japonesas, sus cuidados jardines, su puerta central fortificada… evocan a un pasado lejano tan solo vislumbrado en escasas películas orientales que llegan a Europa, y no me refiero exactamente a las hollywoodienses. Aprovechamos la ocasión para degustar sake; de entre ellos, nos gustó mucho uno cuyo sabor no era tan fuerte y nos recordaba a un vino blanco burbujeante.

 

Tras pasear por sus calles, comprobamos cómo preparan los nativos las fiestas de la localidad. Ésta en concreto, se celebra anualmente en septiembre, los días siete y ocho, y es conocida como el “Festival de Otoño”. Consiste en un desfile de 18 carrozas acompañadas por música tradicional y bailarines que culmina con una procesión en el templo Yakushido, el templo budista más antiguo de la zona. Unas de las curiosidades de esta fiesta es lo que se conoce como “yama buttsuke”, momento en el que se estrellan dos carrozas frente por frente, despertando vítores y gritos entre la multitud.

 

Cogemos de nuevo el tren hacia Morioka (Iwate) y de allí cambiamos a otro tren rumbo a Hachinohe. En la estación primera aprovechamos para comer un plato de arroz al curry, acompañado de verduras mezcladas con carne no sé si de cerdo o de ternera, pero me inclino más por esta última. Muy muy rico y lo sirven en abundancia, no me lo pude ni acabar. El plato costaba 840 Y, y la cerveza 450 Y, aunque por ejemplo yo bebí agua que tenían en una jarra con hielo y con una rodaja de limón.

 

Ahora, día 5, mismo día en el que nos levantábamos del albergue en Tazawako, vamos en bus gratis con el Japan Rail Pass de la compañía JR, hacia otro lago: Towada. El trayecto dura 2 horas desde Hachinohe saliendo a las 15:10 horas.

 

Todo en estos días que estamos observando, lo hacen con extremo rigor y puntualidad.  El reloj del autobús marcaba las 15:09 h y el conductor ya tenía el motor encendido; justo a las 15:10 horas cierra la puerta y pone la voz automática del bus para ir informando a los pasajeros, en japonés e inglés, de las paradas.

 

Por cierto, inglés prácticamente no hablan. Ni jóvenes ni mayores, ocasionalmente palabras sueltas y poco más.

 

En este trayecto, siempre hace el bus una parada en la entrada al Valle de Oirase , donde hay un centro de información – mentira cochina- y puestos de comida y de productos típicos de la zona. Pasamos al atardecer por la misma ruta por la que caminaríamos al día siguiente. Ya se vislumbraba que no iba a desperdiciarse ni un segundo. Al término del arroyo Oirase, descubrimos el Lago Towada.

 

Al llegar a Yasumiya, localidad donde se encontraba nuestro hotel y última parada del bus, nos encontramos en la misma pequeña estación de bus, una tiendecita con mil souvenirs a buen precio.

 

Para nuestra sorpresa, el Towada Kanko Hotel estaba a unos pocos minutos a pie desde la estación, lo que nos permitió descubrir el por qué de tanto turista nacional y algún que otro extranjero por las calles… era fiesta local-comarcal, el “Towada Kunizakae Festival“. El objetivo de dicho festival es reunir la mejor de las actuaciones de tres de las prefecturas del norte de Japón. Los grupos desfilan por separados y luego se unen al final en una gran actuación.

 

Decenas de carrozas iluminadas como si fueran escenas de literatura japonesa, incluso de manga. Tambores, flautas, gritos coreando supuestamente a dioses, danzas, habilidades con largas cañas de bambúes soportando el peso de lámparas de papel encendidas sobre diferentes partes del cuerpo, luchando contra el viento..., puestos de comida en las calles, en fin, una fiesta en toda regla.

 

No nos olvidemos del escenario: todo esto junto al lago Towada, inclusive el hotel. Hotel, por cierto, con onsen natural donde nos bañamos siguiendo las pautas niponas (sólo para chicas), poniéndonos en la habitación el yukata (traje de baño o bata) con obi incluido (cinturón).

 

Habitación con humedad en el techo y suelo, sin vistas, encima nos cobraron el onsen sin avisar (400 Y).  Nos quejamos y nada. 80 € la noche para esto aunque es verdad que era lo más barato que encontramos por internet. Desayuno japonés incluido en el precio. Demasiado diferente al nuestro, pescado, arroz, soja, sopa, tofu con algo ahumado, huevo crudo… en fin, que compramos algo luego para equiparar la pérdida de apetito. Eso sí, nos hinchamos de reír intentando escabullirnos del comedor sin que nos vieran.

 

 

 

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