japon2
EL TIEMPO
soleado
SOCIAL

Japón en tren: 22 días por el país del sol naciente

Kyoto (Templos y Palacio Imperial)

Página 16 de 24

DÍA 14

Hoy nos hemos podido mover en el tren de cercanías también de JR.

 

Desde la estación de tren hasta la parada de “Hanazono”, para ver el jardín zen o Ryoanji , de piedras blancas con quince rocas colocadas de manera que desde cualquier lugar desde donde te pongas nunca podrás contarlas todas.

 

El complejo en sí es muy bonito, con un estanque enorme lleno de nenúfares y ramas y patos pequeños mandarines, y un mini embarcadero con una barquita. También me sirvió mi certificado de discapacidad en español.

 

Para llegar a Ryoanji andando desde la estación Hanazono es un poco enrevesado. No fiarse de los mapas japoneses –se dice que se leen al revés- . Preguntamos a una señora que vivía como por una urbanización por donde nos habíamos perdido. Total, que al final nos llevó hacia otro complejo de templos súper bonitos de camino a Ryoanji.

 

Una vez visitado Ryoanji con calma y pensamiento zen, fuimos a pie hasta el templo dorado, el Pabellón, más bien, Kinkaku-ji, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Está como a quince minutos andando más o menos. Se refleja su color dorado en el estanque y queda muy fino.  Pero está todo “demasiado” peripuesto, excesivamente cuidado. Lo justo para verlo y ya está. Hay, curiosamente, máquinas de la fortuna para sacar el papelito, en inglés, coreano,… etc.

 

Tras visitarlo, nos pusimos en marcha, de nuevo a pie, para ir hasta la parada del tren de cercanías, de ahí, paramos en la siguiente dirección-estación de tren de Kioto, que era la del Castillo Nijo. Finalmente no entramos, lo vimos por fuera, bien grandioso que es, todo fortificado y con un foso rodeándolo.

 

Continuamos camino al Palacio Imperial ; antes de entrar, decidimos abastecernos en el McDonald’s de una de las esquinas de la inmensa área que rodea al Palacio. Nada más entrar, nos topamos con un estanquito con puentes, tortugas grandecitas, cuervos por doquier como camiones, y gatos.

 

Seguimos nuestro eterno paseo entre la blanca grava molesta del Palacio, bueno, de su entorno, porque para entrar dentro del Palacio en sí, debes concertarlo con antelación e ir, casi con total seguridad, con guía turística. Para que las bicis puedan pasar por ese enorme jardín o área del Palacio, hay ciertos caminitos marcados en la grava que facilitan el paso de las ruedas de las bicicletas.

 

Salimos del Palacio, y, muertas de andar, siendo Kioto más accesible vía exterior, es decir, con el bus que con el metro, y viendo que iba a llover a tope, decidimos coger un autobús que nos cobró alrededor de 200 Y desde el Palacio Imperial hasta la parada del Pabellón Plateado o Ginkaku-ji .

 

Hay que andar unos cinco minutos hasta la entrada del templo, pero las tiendas de souvenirs te facilitan el camino, ja, ja. De pronto, nos cae la de Dios encima: llueve a reventar, con tormenta incluida. Nos ponemos chubasqueros (craso error porque creas tu propia sauna corporal, mejor paraguas), bolsas de plástico en los pies, eso yo, para que no me calara la lluvia, y pantalón largo arremangado, eso también yo, ja, ja.

 

Entramos a verlo pero, aunque era más bonito que el dorado, por sus jardines (uno de grava zen precioso, con surcos profundos y un monolito de grava enorme) y sus estanques, y sus panorámicas de Kioto, no le vimos el plateado por ningún lado, será que tiene otra explicación y no por el material de construcción del Palacio en sí.

 

Para bajar andando hasta el otro conjunto de templos cerca del barrio de Gion, se puede ir andando una parte siguiendo un agradable paseo por el paseo o sendero de los filósofos , pero, como nosotras ya nos habíamos ganado el pan, cogimos el bus de nuevo, número 100, hasta la parada de Gion. La lluvia, incesante, nos facilitó de todas formas la decisión. Obviamente sobra decir que el JR Pass tampoco cubre el bus de Kioto, ¿verdad?

 

Nos damos una vuelta cayendo ya la tarde, sobre las cinco y media (nótese el cielo encapotado y que atardece sobre las seis y media) por Gion de nuevo.  Descubrimos otros rincones preciosos de fotografía y otros muchos restaurantes. Vemos otras geishas por sus callejuelas, y lámparas rojas colgando de la entrada de las tabernas junto con la tela de bienvenida (tiene un nombre específico pero no recuerdo si era “koren”).

 

Vamos ya andando camino al hotel, y decidimos comer en un restaurante italiano. Aquí las pizzas parece que sólo llevan un único ingrediente aparte de la masa, luego la pizza elegida fue “prosciutto” y tenía unas hojas de jamón por encima y como brotes verdes. Total, una barbaridad, un cabreo y un todo, por un precio de 1.700 Y. Encima pedimos otra ensalada césar y el chasco se incrementaba. Ahora la césar era hojas como de lechuga con la salsa y cuscurritos de pan con algo, algo de queso rallado. ¡Aggg!

 

 

<< Prev - Próximo >>