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Japón en tren: 22 días por el país del sol naciente

Takayama-Hida no Sato-Kyoto (Gion-Pontocho)

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DÍA 13

Al día siguiente, temprano, para no perder costumbre, vamos visitando la ciudad, que más bien es un pueblo para nosotras. Empezamos por el “morning market” y seguimos por las calles antiguas de comerciantes y de casas particulares donde, horas más tarde, se llenan de vida con los turistas y las degustaciones de sake.

 

Agua en acequias, puentes rojos, tori gigante, museo de carrozas (floats, en inglés) y muchos, muchos templos. De hecho, hacemos la ruta a pie, o al menos parte de ella, de Higashiyama entre pagodas y cementerios de piedra, y unos viejos jugando al criquet.

 

Siempre que podemos, nos lavamos o purificamos las manos al entrar en un templo (primero la izquierda, luego la derecha con el mismo agua que queda en el cacito de mango largo). Hemos visto a un hombre mayor cogiendo agua de las acequias con un gran cazo para regar las macetas de su casa o comercio.

 

Hay también manantiales de agua para los pies, exclusivamente. Aquí, en Takayama, descubro el café con leche enlatado y caliente del supermercado. Compramos un muñeco típico de aquí, llamado Sarobobo. Y decidimos ir andando a la aldea tradicional conservada espléndidamente que es Patrimonio de la Unesco: Hida no Sato.

 

Tardamos como unos 20 minutos desde la estación de tren, pero volvimos en un bus que por 200 Y aproximadamente, te deja o te lleva en diez minutos. Estas granjas típicas de la zona o comarca de Hida, se caracterizan por sus gruesos tejados de aglomeración de paja, con unas estructuras diferentes entre ellas, en algunas ocasiones.

 

Puedes ver las casas y la forma de vida artesanales, norias de agua, cementerios, templos, baños, comedores, labranza, las propias casas por dentro… En fin, una pasada, muy muy bonito. La entrada cuesta 700 Y pero merece la pena cien por cien visitarla. También tienen un sellito donde estampar un detalle de tejado tradicional. Y también hacen descuentos para personas con discapacidad.

 

De nuevo conexión con Nagoya hacia Kioto, antigua capital de Japón.

 

Kioto se presenta fresca, más abarcable que Tokio con diferencia. De hecho, el segundo día nos hicimos más de doce kilómetros a pie por la ciudad. El hotel Econo-Inn se encontraba a quince minutos a pie desde la estación de tren, estación grande y de una estructura impresionante.

 

En la oficina de turismo de la estación nos recibe un mostrador indicando los puntos donde te atienden en inglés. Y, oh sorpresa, así fue. Una mujer nos dio información en un inglés lo suficientemente aceptable para comunicarnos. De nuevo yukatas en el hotel.

 

Nos aventuramos a pasear por la tarde noche por Kioto y fuimos andando desde el hotel hasta el barrio famoso por sus geishas… Gion. Allí, encontramos en una de sus calles típicas y empedradas, a un despliegue completo de cámaras, sonido y atrezo con un par de geishas incluidas. Muy agradable esta zona para perderse en el llamado “Gion Corner” o en sus tiendas o en sus templos-santuarios.

 

Decidimos cruzar el puente y comer, cenar en este caso, en Pontocho, con sus restaurantes tradicionales iluminados junto al río. Una clavada total: poca comida y un trato súper apretado, y claro, un dineral, 7.200 Y dos personas. Incluso te daban una especie de contrato antes de sentarte en la mesa –bueno, en el suelo más bien-, que especificaba que podías estar un máximo de dos horas cenando en caso de que estuviera lleno el restaurante.

 

Eso sí, las calles de allí iluminadas con las lámparas típicas de allí, precioso ambiente.

 

 

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