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Japón en tren: 22 días por el país del sol naciente

Hakone-Owakudani-Takayama

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DÍA 12

Al día siguiente, 13 de septiembre, comenzamos la visita al área, descendiendo del ghesthouse a Motohakone por el camino antiguo de piedra de Motohakone. Este sendero se creó para aliviar el paso por las montañas y evitar enlodarse con las lluvias que azotan el área, entre otras cosas.

 

Pasamos por un par de avenidas de cedros milenarios altísimos y silenciosos. Y llegamos al lago que estaba muy picado. Dada la niebla que había fue imposible ver el majestuoso monte Fuji de 3.700 y pico metros de altitud.

 

Sí vimos el Hakone Check Point, punto dedefensa estratégico de la época de los señores feudales en la era Edo, y paseamos por un resorte de tierra entre árboles y las olas del lago Ashi a nuestro alrededor.

 

Vimos los barcos y fragatas que hacen un mini crucero por el lago en su largura, y el tori rojo reflejado en las aguas del lago. De allí cogimos bus Izuhakone hacia Hakone-en, una breve parada de media hora para comprar en una tienda enorme que vendía desde souvenirs, hasta productos típicos alimentarios y muchas cosas del estudio Ghibli.

 

Cogemos bus otra vez hacia Owakudani , cráter de volcán que expulsa gases sulfurosos y donde cuecen los famosos “huevos negros”. A saber. Siete años de vida por cada huevo cocido negro que te comas. El agua que corre por esa zona está azulada y algo caliente, como todas las aguas sulfurosas que he tocado. Y una peste a huevos podridos brutal. No apto para asmáticos y gente de constitución débil o con problemas de corazón.

 

Desde allí también hubiese sido precioso ver el monte Fuji, pero aunque el cielo parecía más despejado, no hubo manera. Por cierto, te venden los huevos de 5 en 5, por 500 Y, no se pueden comprar individuales, y, cómo no, hay mil souvenirs relacionados con el huevo negro.

 

De vuelta a Odawara, cogimos las maletas de consigna y decimos adiós de lejos a los innumerables onsen que nos dejamos por el camino. De aquí vamos a Nagoya sólo para conectar con otro punto fuerte de nuestro viaje: Takayama, ciudad entre montañas, presas y ríos interminables, con un paisaje en tren precioso de verde bosque y manantiales (onsen al aire libre famosos también como en Hakone).

 

Se tarda algo más de lo esperado entre la conexión de Nagoya y el propio trayecto en sí, pero merece la pena y encima te distraes con este paisaje bello y natural.

 

El hostal J.Hoppers, que va siendo como una firma de albergues mochilero por todo Japón, está súper bien, limpio y muy muy cuidado, nuevo diríamos. Con mucha información a nuestra disposición y un ambiente sano, a tan solo siete minutos a pie desde la estación de tren. Muy recomendable este alojamiento.

 

 

 

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