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Japón en tren: 22 días por el país del sol naciente

Yokohama-Kamakura-Motohakone

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DÍA 11

 

Abandonamos Tokio para ir hacia Yokohama. Allí, tras dejar las maletas en consigna, y debido a la falta de información en inglés en las oficinas de turismo de todo el país, prácticamente anduvimos a reventar para ir desde la estación hasta la zona de Minato Mirai, donde, repleta de rascacielos, se alzaba la gran torre conocida como “Landmarkt”.

 

Subimos al mirador en un ascensor ultrarrápido que subía 270 metros por minuto. 360 grados de visión. Nos tomamos un cóctel azul, que era como una granizada de soda azul con cerecita congeladas fuertes por 500 y pico yenes. Un capricho, mientras disfrutábamos de la espléndida panorámica. El parque de atracciones, con la noria, el barco de entrenamiento marino que recorrió el mundo decenas de veces, helipuertos en todos los áticos de rascacielos…

 

Tras bajar y volver a salir por el centro comercial Plaza, cogimos esta vez la línea JR de cercanías para ir al barrio chino, Chinatown, que abarcaba una extensa área. Ahí nos recibían puertas chinas adornadas con sus lamparitas típicas y un fuerte color ojo.

 

Repleta de tiendas de souvenirs, y de comida, Chinatown es una chispa de vida entre tanta ciudad urbana. Un cableado tremendo con enganches infinitos en los postes de electricidad. Probamos una especie de buñuelos hechos al vapor, y rellenos de carne – también los había rellenos de judías y demás-. Allí compré un vestido chino negro muy bonito para mi madre.

 

Luego nos dirigimos a la zona de Hakone, otra parte de Japón con mucho turismo nacional; pero antes decidimos parar en Kamakura para visitar la el segundo Buda de bronce más grande de Japón.

 

Nos topamos con una ciudad agradable llena de templos sintoístas y budistas. También había un festival local de carrozas muy divertido, separando a los adultos –que iban rotando las propias carrozas- de los niños, con su propio carromato. En el templo o lugar donde está Buda, hay unas ardillas negras tímidas entre los árboles. A Kamakura hay que volver para visitarla con más calma porque merece la pena con lo poco que vimos.

 

Volvemos a hacer conexión con Ofuna para coger otro tren rumbo a Odawara, última parada que coger el JR Pass. Allí, un caos absoluto. De nuevo la ineptitud de la oficina de turismo, con su indicación de información para extranjeros (signo de interrogación) y su escaso y absurdo dominio de la lengua inglesa.

 

Más de veinte minutos estuvimos hablando un japonés a modo indio y un inglés de parvulario, y aún así, la información no fue clara ni directa. El tema en cuestión era conocer las opciones para visitar Hakone área con un pase que te permite coger varios transportes (ya que el interrail no cubre esa zona) de forma ilimitada. Por la turista francesa, nos enteramos de que existía otro pase mucho más económico que el que venden a los turistas; pero caro, entre la mediocridad de la información y, por pensar mal, la picaresca japonesa de ‘te vendo más por ser turista’, pues no comprendían en la oficina lo que pedíamos.

 

Al final, y sin más dilación porque enerva recordarlo, nos fuimos a la oficina de Izuhakone Bus para comprar un pase (rosa) de dos días consecutivos usando líneas de esa compañía por el área de Hakone de forma ilimitada. Costó 2.000 Y por persona en efectivo (no aceptan tarjetas). La oficina está fuera de la propia estación de tren. Justo en la salida de las paradas de autobuses, a mano izquierda, haciendo esquina.

 

Cogimos, todavía con una mala leche anormal en el cuerpo, el bus Izuhakone para Motohakone, localidad cerca del lago Ashi donde nos íbamos a alojar. Antes de subir al bus, fuimos al supermercado de la estación, en la planta de abajo, a pie de calle, para abastecernos de comida porque a las seis de la tarde ya no había prácticamente restaurantes abiertos en Hakone.

 

También aprovechamos y dejamos las maletas en consigna (en la estación de Odawara) para ir más cómodas por toda esa zona. Total, 50 minutos de trayecto aproximadamente, dependiendo, ojo, del tráfico rodado. El pase siempre se enseña al conductor y ya está.

 

El albergue o ghesthouse Motohakone, está a la espalda justo de la parada de bus Oshiba. Caro, por supuesto, 9.000 yenes y pico las dos, estilo ryokan. Fuimos a darnos una vuelta pero todo estaba oscuro y no queríamos andar por la carretera hasta el propio pueblo de Motohakone. Descubrimos un bareto-taberna abierto y nos tomamos una cerveza y un cuenco de arroz -200 Y este último-.

 

 

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