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15 días en Japón

Día 12 Palacio-Nishiji

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10:00 Visita al palacio imperial de Kyoto. Reservamos la entrada por Internet. Nos citan en una puerta que, después nos explicaron que era por la que accedía el servicio. Como hemos llegado con tiempo hemos dado un paseo por los inmensos jardines.

Según nos han contado, este palacio se ha quemado hasta en dos ocasiones, tiene partes pintadas de naranja para ahuyentar a los malos espíritus y en él se hacen algunas de las ceremonias más importantes del país, como por ejemplo, la de coronación del emperador.

Después del palacio hemos ido hasta el Castillo de Nijo, pero estábamos tan cansados que no hemos entrado. Tras una parada técnica para coger fuerzas, hemos desandado el camino para ir al mercado textil de Nishiji donde se suponía que te enseñaban a ponerte el kimono, pero la verdad es que ha resultado ser un rollo.

Los yukatas están mucho mejor en el centro. Aquí los productos son un poco caros y no de muy buena calidad. Solo hemos comprado una cartera de mano y unos calcetines blancos de geisha. Que sepáis que un 41 equivale aquí a un 27.

Después de comer hemos cogido un autobús en dirección al hotel Okura, donde nos recogían para ir a la cena con las Maikos, que también contratamos desde España. Como teníamos tiempo hemos aprovechado para visitar las tiendas de la zona y tomarnos un café.

Para ir a la cena nos han recogido con un taxi. Antes de cenar hemos entrado a una habitación, con otro grupo de turistas, y allí había una Maiko, una chica de 17 años que, entre danza y danza, ha ido respondiendo a nuestras preguntas. Aquí nos hemos enterado de que el peinado dura una semana, de que para no despeinarse duermen sobre una especie de almohada de madera, de que solo tienen dos días libres al mes en los que pueden vestir o peinarse como quieran y de que solo pueden ver a sus familias tres veces al año.

De los 15 a los 20 años se forman para ser Geishas, y después pueden trabajar por su cuenta y decidir cuanto quieren cobrar por espectáculo. Durante su aprendizaje, que es a jornada completa, aprenden danza, música, la ceremonia del té y el dialecto de Kyoto.

En cuanto a la ropa, dicen que esta pasa de generación en generación en las escuelas en las que estudian. Respecto al maquillaje, nos explican que se pintan la cara de blanco porque antiguamente, en los locales en los que actuaban, no había mucha luz, así que el blanco las hacía más visibles.

Después del espectáculo hemos cenado en el mismo hotel y el taxi nos ha dejado en Pontocho porque nos queríamos comprar unos Yukata y ver las tiendas de la zona. Dos Yukatas, con Obi, nos han costado 17.800 yenes, aunque se pueden comprar mucho más baratos.

 

 

 

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