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10 días por Verona y Venecia

Día 8 Venecia

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Hoy nos hemos levantado muy temprano para coger el tren a Venecia (27,5 euros por persona). Al llegar hemos cogido el barco-bus (6,5 euros una hora) hasta el puente de Rialto, muy cerca de donde se encuentra el hotel Al Vagon Residenza Al Campiello (220 euros dos noches)

La habitación es alucinante. Tenemos vigas de madera en el techo, baldaquino y muebles venecianos.

 

En Venecia hay que olvidarse de los coches. Los canales sustituyen a las carreteras, los barcos a los autobuses, las lanchas a los taxis y hasta los bomberos tienen sus propias barcas.

 

Algunos hoteles tienen sus entradas con acceso directo al canal, de modo que solo se puede acceder en barcas, y hay muchos restaurantes a orillas del Gran Canal.

 

 

¡Es todo un espectáculo!

 

 

Después de dejar las cosas hemos bajado a comer a un bar que hay en la plaza y nos hemos ido directamente a la plaza de San Marcos.

 

Es increíble la cantidad de turistas que hay por todas partes. Suponemos que como el 18 de julio es la fiesta del Redentore, la gente habrá aprovechado para visitar la ciudad durante el fin de semana.

 

Como la catedral estaba a punto de cerrar hemos optado por dirigirnos al Palacio Ducal (13 euros por persona). Con esta entrada se pueden visitar varios museos, pero nosotros hemos terminado tan cansados después de dos horas en el palacio que no hemos ido a ningún otro.

 

En el Palacio Ducal hemos visitado las mazmorras de la prisión, entre otras dependencias. Según la audioguía, había pasadizos secretos que solo se podían ver en visitas guiadas que, por cierto, no nos han ofrecido al comprar las entradas. La amabilidad no es el punto fuerte de los venecianos.

 

Después del palacio hemos entrado a ver San Marcos, pero dos de nosotras no pudimos porque íbamos en tirantes y bermudas. Ni siquiera a las niñas las dejan, así que decidimos que parte del grupo echara un vistazo rápido a la catedral mientras las demás esperábamos fuera. Al otro día entraríamos, ya con los hombros cubiertos y pantalones más largos.

 

Como las niñas estaban muy cansadas, les hemos comprado pizza junto al hotel y se han quedado durmiendo mientras los mayores nos íbamos a cenar al restaurante Al Bucho que se encuentra junto al puente Rialto, a orillas del canal. El menú salía por 15 euros más bebidas. En total, hemos pagado unos 20 euros por persona. Hemos comido en el último escalón antes de meternos en el Gran Canal.

 

Los camareros en este restaurante dejan mucho que desear. Estaban todo el rato insultando a los clientes, (que en su mayoría éramos extranjeros) eso sí, no contaban con que íbamos con una italiana, con lo que el corte que se llevaron fue interesante.

 

Después de cenar hemos callejeado por la ciudad y hemos vuelto a llegar a la Plaza de San Marcos. Iluminada es impresionante.

 

En la plaza están el Café Floirán (el más importante de Venecia), y el café Quadri, entre otros. Cada uno tiene un quinteto tocando diferentes temas, antiguos y modernos. Es chulísimo. Los clientes lo oyen desde sus mesas y el resto lo podíamos disfrutar desde detrás de las vallas que delimitan las terrazas. Los grupos de turistas y vecinos nos movíamos de una terraza a otra siguiendo la música. ¡Toda una experiencia! Creo que nosotros lo estábamos disfrutando más que los que estaban sentados.

 

 

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