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Fuerteventura

Dia 5 De Atalayita a Morro Jable

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Otro día más de buen tiempo. Con la alegría de disfrutar de la zona sur de la isla y el aliciente de desayunar en la pastelería Pantarajal, ponemos rumbo a Las Salinas del Carmen , una pequeña población costera a pocos kilómetros de Caleta de Fuste. Allí se encuentra el museo de la sal. Esta red de museos de Fuerteventura cierra los domingos y los lunes. Pero como la mayoría son monumentos naturales al aire libre, siempre se puede echar un ojo de cerca sin ’invadir’ la propiedad privada.

 

De allí vamos hacia el poblado aborigen de ‘Atalayita’, que también pertenece a la red de museos de la isla. Las indicaciones brillan por su ausencia, a no ser que sepas adónde vas y lleves un mapa contigo, o que casualmente pases por el sitio en cuestión, y veas el desvío. Para llegar ahí, tirar por la FV-2 desde Las Salinas del Carmen y desviarse por Pozo Negro; a pocos kilómetros veréis el desvío a la derecha.

 

El Centro de Interpretación Poblado de la Atalayita cuenta con más de 115 construcciones arqueológicas localizadas en el valle de Pozo Negro. Además de las construcciones hechas por los  mahos hace más de 6 siglos, también se observan construcciones más modernas realizadas por pastores a partir de la reconquista de Fuerteventura.

 

Hay senderos guiados que te van mostrando los restos de las casas y demás que hizo el pueblo majorero en su día, aprovechando la roca volcánica de la zona. ¡¡Atención, entre la negra piedra habitan decenas y decenas de ardillas!!

 

Retornamos los pasos para salir a la FV-2 dirección Gran Tarajal, donde nos desviamos a Las Playitas para ver el faro de la Entallada, a seis kilómetros del pueblo, en lo alto de la montaña. Muy bonitas vistas y el propio faro no tiene desperdicio.

 

De nuevo salimos a la FV-2 y volvemos a pararnos al poco, esta vez en La Lajita, para disfrutar de su playa tranquila a los pies de esta aldea de pescadores. Seguimos nuestro recorrido hacia el sur, y vemos la abarrotada zona de Costa Calma, repleta de turistas y de resorts hoteleros.

 

Finalmente disfrutamos del paisaje brutal del área conocida como La Pared, espacio natural protegido que toma su nombre del muro de piedra que, según cuentan, recorría de costa este a oeste esta parte dividiendo así a Fuerteventura en dos mitades: Maxorata y Jandia.

 

La Pared es también un pequeño pueblo cuya agua viene de cavernas naturales de las montañas y es fácil conseguirla ya que la misma gravedad hace que mane sin necesidad de bombeo. Todas las carreteras principales están terminadas pero para llegar a la playa el acceso es a través de pistas.

 

Nos bajamos a la playa de Sotavento por el cruce de ‘Casas Risco del Paso’, zona de dunas y fina arena rubia, nada que envidiar a Tarifa. Aquí se practica el nudismo y varios deportes acuáticos, como el surf, windsurf… terminamos el camino hacia Morro Jable por la corta autovía reciente construcción, o al menos lo parece de cómo de bien cuidada que está. Pasamos por la playa del Matorral con su altísimo faro, ideal para avistar aves migratorias.

 

En Morro Jable tomamos una pista de tierra hasta el final oeste de la isla, llegando hasta la minúscula población de Puerto de la Cruz, con su famoso caldo de pescado -35 € costaba en el único restaurante abierto- , su faro de Jandía y su playita llena de gaviotas con sus crías donde el mar rompe bañando las fachadas de las casas.

 

Por ese camino entre montañas y mar, nos encontramos unos burros sueltos muy gruñones. Tras comer, desandamos la pista y nos desviamos hacia la izquierda en el cruce hacia playa de Cofete, otra de las maravillas de la isla. Pero nuestro camino se para, a causa del poco tiempo con que contábamos, en el mirador que hay a medio camino entre las dos orillas de Fuerteventura, en la montaña de Jandía que divide el norte del sur.

 

Desde allí contemplamos la costa norte con las interminables playas de Cofete y Barlovento, dejándonos un sabor de mar salado y con ganas de descansar en su arena. El camino de vuelta lo hacemos siguiendo un objetivo firme: ver el atardecer desde La Pared. Así pues, sólo nos detenemos en playa Esmeralda, otro rincón hermosísimo cobijado entre dunas y aguas azules.

 

Nos desviamos por la FV-605 a la salida de Costa Calma, en dirección a La Pared, y allí continuamos buscando la playa de Ugán, un capricho barroco de la naturaleza, con riscos de piedra de color salmón, destacando de cualquier otra cala que hayamos visto hasta ahora.

 

Eso sí, para llegar allí es complicado porque tampoco existe desvío visible. A unos pocos kilómetros desde la población de La Pared hacia el norte, por la carretera de la costa FV-605, hay un pequeño y desdibujado cartel de madera en el que se atisba levemente las palabras ‘camino de Ugán’. La pista de tierra es difusa y tiene muchos ramales que van a parar a casas diseminadas de la zona. Dirigirse con orientación hacia el mar. Merece la pena porque el atardecer allí roza lo divino. Las paredes abruptas de la cala relucen con el ocaso, dándoles un aspecto más anaranjado si cabe. Verdaderamente hermoso.

 

El retorno lo hacemos por la costa sur de nuevo, por la FV-2. Nos paramos en el centro comercial de El Castillo, a un kilómetro de Caleta de Fuste.

 

Volvemos al estudio, nos duchamos y salimos a cenar. Lástima porque íbamos a poner el broche de oro con un cabrito, plato típico de la isla, pero ningún restaurante de Caleta lo sirve. Nos conformamos con cenar en el restaurante El Patio, al lado del apartahotel Caleta Garden, donde nos sirvieron una pelta de de cordero por 16 € que era monumental, para dos personas por lo menos.

Recorrimos un total de 280 kilómetros hoy.

 

 

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