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Fuerteventura

Día 1 Llegada

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Elegimos el mes de noviembre para esta escapada que comienza en la estación de tren de Málaga, desde donde tomamos el AVE para llegar a Madrid en dos horas y media. Allí, en Atocha, la mejor opción para llegar al Aeropuerto es coger el  tren cercanías, y así lo hicimos. Unos dos euros por persona costó el billete.

 

Esperamos un rato en la sala de espera y al poco cogimos el tren. Pero nos equivocamos por doblete: ni el tren iba al aeropuerto ni nosotras queríamos ir allí esa misma noche. ¡Se me olvidó por completo que hacíamos noche en Barajas pueblo ya que el vuelo salía de madrugada! Total, finalmente y tras varios enlaces más, llegamos a la estación de metro de Barajas, y en apenas siete minutos a pie, entramos en el Hotel Don Luis, donde teníamos una habitación doble reservada por 44,50 € con baño completo. Nos aseamos y salimos a cenar al restaurante “La Caprichosa”: una tosta de pan payés con solomillo ibérico muy tierno y cebolla confitada y tiras de pollo empanado con salsa agridulce. Rico y realmente tierno, pero la cañita de cerveza nos costó 2,5 € y el tubo 3 €. Un robo a mano armada. Lo bueno es que el restaurante está a 100 metros del hotel en la misma plaza desde donde sale el bus número 101 a las seis de la mañana hacia la T1 (1,5 € el ticket).

 

Tras las pocas horas de sueño, cogimos el autobús y en diez minutos ya estábamos ya delante del control de seguridad y despegamos a las 06:55 horas rumbo a la isla canaria de Fuerteventura. Tiempo de vuelo: 2 horas y veinte minutos. Compañía aérea: Ryanair. Coste del vuelo: 108 € ida y vuelta dos personas, sin facturar ninguna maleta.

 

Una vez en el aeropuerto canario, que es muy luminoso y tranquilo, esperamos la llegada de la guagua –así es como llaman los locales a los autobuses- tomando un buen café con dulces en la cafetería ubicada enfrente de llegadas, dentro de la propia terminal. Aprovechamos para coger información turística en la pequeña oficina de turismo situada también dentro de la terminal de llegadas.

A las 09:10 horas nos montamos en la guagua dirección ‘Caleta de Fuste’ (1,15 € el trayecto en persona). La isla se nos descubre con llanos pedregosos y amarillos con suaves montañas de fondo. Núcleos urbanos diseminados y una carretera bien conservada nos lleva hacia el sur, a poco más de seis kilómetros.

 

El conductor nos avisa de nuestra parada y cruzamos la negra carretera por un paso subterráneo dirección al mar. Diez minutos a pie nos separan del apartahotel Caleta Garden. Dejamos las mochilas en recepción con la promesa de volver en dos horas, a las doce del mediodía, y registrarnos. Una hora menos en Canarias, ¡recordad viajeros!

 

Temperatura cambiante, nublado con viento. Un paseo marítimo de rocas y espigones con pescadores de largas cañas y desesperadas gaviotas surcando las olas en busca de alimento. Llegamos hasta el faro, el castillo de San Buenaventura del siglo XVIII, de torre circular, y una playa de rubia arena con una interminable hilera de sombrillas bicolor. La inmensa mayoría son extranjeros en mangas cortas desparramados entre el enorme resort del Hotel Barceló y los innumerables apartamentos de la zona.

 

Un par de dromedarios en la playa y tiendas de suvenires con la cadena de supermercados Hiperdino por doquier. Seguimos el paseo hasta llegar a otra zona de hoteles, atravesando un trozo de playa con torres vigía antiguas de piedra y construcciones circulares de piedra de medio metro de altura que sirven como refugio contra el viento en la orilla. Aquí hay puentes de madera construidos entre rocas, parte de ellos cubiertos por la marea. Cruzamos uno desde la orilla del mar picado, mientras las olas nos mojaban los pies, para llegar a un chiringuito sobre el mar donde nos tomamos unas cervezas bien frías y unas papas arrugás con salsa de mojo picón. ¡¡Buenísimas!! Diez euros todo.

 

Retornamos por la carretera –hay una acera y carril bici que une estos núcleos- hasta la zona de Caleta de Fuste, y chequeamos en el hotel que ya previamente habíamos reservado por internet: 110,55 € un estudio con cocina, terraza y baño, cinco noches, dos personas. Descansamos y pasamos el resto de la tarde dando vueltas entre bares, pubs y tiendecitas.

 

Hicimos una compra en el supermercado por 30 y pico euros para abastecernos el desayuno y la cena de los siguientes días.

 

NOTA: tomar un café rico acompañado de pasteles sabrosos y artesanos en la pastelería-obrador Pantarajal, en Caleta de Fuste.

 

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