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Dublín y alrededores

Día 2 Dublín-Glendalough

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Aprovechando el día en Dublín, podemos visitar un sinfín de lugares emblemáticos, como el General Post Office, sede del correo postal, considerado el bastión de la independencia de Irlanda ya que durante la protesta de Pascua del año 1916 en contra de la realeza inglesa, el edificio de correos fue utilizado como centro base de los revolucionarios. Actualmente se guarda dentro una copia de la declaración de independencia.

 

Para relajarnos tras la batalla, no cabe otra opción que introducirnos en Temple Bar, área o barrio reducido con estrechas calles repletas de comercios y bares con música en vivo, que funciona como centro neurálgico de la vida cultural de Dublín y como una zona de fiesta nocturna durante todo el año.

 

Cerca de aquí se encuentra el castillo de Dublín. Construido por el rey inglés Juan Sin Tierra en 1204, era el estandarte del poder británico sobre la isla y en él estuvieron presos los más importantes líderes rebeldes.

 

Una de las leyendas más tiernas de la capital, se sitúa en la calle Grafton, y viene de la mano de la figura de Molly Malone, una bella pescadera que por las noches ejercía la prostitución en el Dublín del siglo XVII. La historia tiene un final trágico con la muerte en plena calle de Molly a causa de una terrible fiebre. Se dice que su fantasma aún vaga por las vías de Dublín. Se conmemora a este personaje con una estatua en la que se la retrata vendiendo mejillones y berberechos en su carro.

 

Y no nos podemos olvidar de otro de los símbolos más genuinos de Irlanda… la fábrica de la cerveza Guinness, brebaje negro creación de Arthur Guiness en 1770. Esta fábrica-museo, nos enseña los procesos de elaboración de la bebida al mismo tiempo que nos cuenta la historia de su éxito. Sin duda, lo mejor es la degustación de una Guinness bien fría desde el Gravity Bar, un bar circular en el ático del edificio desde donde se contemplan una de las mejores vistas de la capital.

Tras un agradable paseo por las calles dublinesas, nos dirigimos hacia St. Stephen´s Green, una amplia zona verde punto de encuentro del pueblo irlandés, lugar de ocio y recreo. Al llegar allí, buscamos la calle Dawson y en ella encontraremos la parada de autobús justo enfrente de la ‘Mansion House’. Desde allí partiremos rumbo a nuestro destino: el condado de Wicklow, cuyo máximo exponente es el bellísimo valle de Glendalough.

 

Hay sólo una compañía que opera desde Dublín a Glendalough, la St. Kevins Bus Service. Disponemos de dos salidas, a las 11:30h y a las 18:00h en días laborales, y a las 11:30h y a las 19:00h en festivos. Para nuestra comodidad, dado que el trayecto Dublín-Glendalough dura más de dos horas, saldremos lo más tarde posible, a las 18:00h. Así dispondremos aún de tiempo para disfrutar de los mágicos paisajes que nos brinda la naturaleza irlandesa: valles infinitos, colinas decoradas con un manto de verde hierba, montañas de ondulada melancolía… El precio del billete es de 13 euros o 20 ida y vuelta.

 

Después de deleitarnos con la majestuosidad y simpleza, al mismo tiempo, de estas tierras, nos bajaremos en la última parada de nuestro viaje, en el conjunto monacal de Glendalough.

 

A pie caminaremos unos 800 metros en dirección al monasterio, siguiendo el río, y finalmente llegaremos a nuestro alojamiento que se encuentra a mano izquierda: el Albergue de Juventud Internacional de Glendalough. En estas instalaciones te facilitan información del paraje, tanto de rutas senderistas para los aficionados a los caminos en la naturaleza como datos culturales sobre el entorno. Además, este tipo de alojamientos te dan la oportunidad de relacionarte con otras personas de otras nacionalidades, de compartir experiencias, anécdotas, información turística, si cabe. En fin, un crisol de culturas charlando entre cafés y pan tostado.

 

Es preferible reservar el albergue por email con antelación, ya que este punto de encuentro es muy solicitado por multitud de peregrinos que desean visitar los restos del monasterio del abad San Kevin otros tantos grupos de senderistas, y algún que otro despistado que adore profundamente la naturaleza y el saberse aislado del mundanal ruido.

 

La noche se desarrolla entre susurros de pájaros desconocidos, y el murmullo del agua de los dos grandes lagos del valle de Glendalough. La calma se extiende y nos arropa como una sábana perfumada de buenas intenciones y sueños de paz.

 

 

 

 

 

 

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