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6 días en los Emiratos Árabes

Día 4.2 Deira-Canal Khor

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A las dos horas, llegamos a la estación Al Ghubaiba y cogemos el metro para ir a Al Ras, a una parada, donde buscamos los zocos de oro, especias y textiles en el corazón de Deira, al otro lado del canal Khor o ‘creek’. Tomamos un shawarma y un falafel enrollado junto con un zumo de frutas por 15 AED. Muy rico. Callejeamos una y otra vez por estos zocos, mezclados prácticamente unos con otros, siendo el de las especias el que más encanto tiene para mí a nivel fotográfico y moral, je,je. Miles de hindúes y árabes te acosan preguntándote de dónde eres, que pases, que tal que cual. Es su trabajo, pero es muy cansino y también para el turista. Así son los zocos de todo el mundo mundial, ya sabes a lo que vas, a regatear. El del oro es abrumador. Ya en la entrada te espera el mayor anillo de oro del mundo, el más pesado, y no está en venta, ¡ojo al dato, por si os lo estabais pensando…!

 

Y ahora viene lo mejor… el canal creek con sus innumerables abras y dhows, con ese encanto del atardecer que puede darte sólo una realidad auténtica, lejos de lo artificial que, pese a hermoso, sólo puede pagarse con dinero. En este bullicio incesante de barcos, cogemos un abra por un dírham que pagas al ‘capitán’ para cruzar de lado a lado, de Deira a Bur Dubai, o viceversa. Es todo un espectáculo para vivirlo con los ojos cerrados mientras sientes tu alrededor, o de par en par, llenándote de mil imágenes coloridas y peculiares. Creo que es mi sitio preferido de esta ciudad. Y al atardecer ya te mueres de gusto. No hay que perdérselo.

 

Al otro lado, en Bur Dubai, nos espera una escena de muelle con cientos de gaviotas nerviosas por comer. Desde allí puedes entrar al zoco antiguo o zoco de Bur Dubai. Más de lo mismo (ojo, aparte de las tiendas no hay que perderse los techos, son una obra maestra de artesonado unos, y de hojas de palma y madera, otros).

 

Seguimos por la vereda del canal hacia el paseo de Shindaga, área junto al agua donde se emplazan el palacio de un antiguo jeque, el heritage village con su zoco tradicional donde casualmente hay un espectáculo musical de hombres (las mujeres no bailan normalmente, son los hombres los músicos que interpretan una coreografía de luchas beduinas en el desierto), casas tradicionales árabes restauradas, escuela de buceo –como el heritage beduino pero con toque marino-, y muchos restaurantes para tomarte algo contemplando esta parte del canal que es, con diferencia, menos bulliciosa.

 

Nosotras nos fumamos una shisha de manzana -una pipa de agua aromatizada con el sabor que tú elijas- por 30 AED. De ahí fuimos andando a la estación de Al Ghubaiba (que realmente está al ladito) para coger el metro hacia el Mall of the Emirates, el centro comercial que tiene la pista de esquí interior más grande del mundo, además de tiendas de firmas caras, otros comercios curiosos, cine y buena comida. Es muy grande y la decoración te deja con la boca abierta.

 

Aparte de esquiar, hacer snowboard, lanzarse por un tobogán o meterse dentro de una gran bola, entre otras, puedes pagar 175 AED para tocar y dar de comer a los pingüinos. Sin pagar nada, al menos puedes ver desde las enormes cristaleras el interior de la pista, comer en uno de los restaurantes con vistas o pernoctar en el hotel Kempinski, por ejemplo, donde el invierno siempre está garantizado.

 

Cenamos en el restaurante iraní Pars: éxito total, la comida riquísima. Tomamos un plato de hummus (el pan te lo traen aparte y no te lo cobran y te lo rellenan siempre) y otro de carne blandísima y bien hecha de ternera con yogur iraní y base de arroz con mantequilla. Nos pusieron una ensalada de hierbabuena, rábanos, cebolleta, nueces y queso blanco feta, de aperitivo, y una botella de agua grande. Por 93 AED cenamos de escándalo. Volvimos sobre nuestros pasos a eso de las 22:30 pm hasta el hotel. Hoy hemos echado casi 16 horas barriendo los emiratos.

 

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