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6 días en los Emiratos Árabes

Día 3.1 Abu Dhabi

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Diluvia en Dubai. La cama del hotel es súper cómoda. Ni un ruido por la noche. Hoy vamos a la capital del país, Abu Dhabi, pero antes vamos a desayunar en ‘Second cup’, cerca de la estación de metro de Al Fahidi y de nuestro hotel. 25 AED dos cafés grandes; aprovechamos para entrar en el supermercado del centro comercial y nos compramos dulces por 8 AED.

 

Vamos a la estación de metro y está cerrada hasta las 13 pm porque hoy es viernes, día festivo islámico. Así que, cogemos un taxi que paramos y por 10 AED vamos a la estación de bus Al Ghubaiba. 25 AED por billete de autobús con la compañía Emirates, pero aquí saber eso da igual. Vas a cualquier taquilla y preguntas por un bus a Abu Dhabi y te indican dónde comprarlo. Recordad, todo en efectivo.

 

Chorreando de agua nos metemos en el bus y empiezan las tormentas. Llueve tanto que nos dicen que tenemos que cambiar de transporte. Caladas nos bajamos a uno al lado que han traído. Así en menos de 2 horas estamos en la capital del país donde el sol nos espera con sus rayos abiertos.

 

Tras ir al servicio de mujer de la estación central de bus, junto al centro comercial Al Wahda, nos dirigimos a pie rumbo a la corniche o paseo marítimo atravesando enormes y anchas avenidas. Lo mismo de siempre, preguntamos si íbamos bien encaminadas y nos decían direcciones opuestas. Menos mal que en la capital de los EAU es fácil orientarse… Aunque las calles tengan dos nombres, no, no me preguntéis por qué.

 

El ambiente por algunas calles es un poco cargante, mogollón de tíos recién salidos de rezar (viernes, recordad) repasándote de arriba abajo, un poco desagradable, la verdad. Media hora después, cuando llegamos al centro financiero y comercial donde se aglutinan la mayoría de las cadenas hoteleras, el paisaje cambió algo para mejor. Ya nos empezamos a encontrar con turistas y rascacielos.

 

Paso tras paso, llegamos a la fundación cultural , sede de exposiciones y conciertos, teatro y danza, además de festivales de cine. Está cerca del castillo o fortaleza Al-Hosn, pero lamentablemente toda esta zona está siendo restaurada. Este fuerte ‘antiguo’ o ‘blanco’, como se le conoce, fue construido para ser residencia real y duró como tal casi 200 años, hasta el 1966.

 

Abu Dhabi está asentada sobre una isla unida a tierra firme por los puentes Maqta (donde está  la hermosísima gran mezquita, Sheikh Zayed, de reciente construcción) y Mussaffah.

 

Después de fotografiar algunos edificios más, cruzamos a Corniche Road para dejarnos deslumbrar por la playa de arena blanquecina de Abu Dhabi; su isla Lulú enfrente nos da la bienvenida. En el horizonte se puede vislumbrar la figura del Hotel Emirates Palace, célebre por su lujo, ya que dicen que todo lo que reluce allí es oro. Un poco a la derecha vemos una gran bandera emiratí: aquí están el palacio presidencial, el Marina Mall –centro comercial- y el heritage village –una especie de museo aldea tradicional emiratí antes del boom del petróleo en la década de los 70-.

 

Por la distancia, optamos por coger un taxi ya que nadie sabía al parecer si iba algún autobús al hotel. Nos costó 10 dírhams emiratíes llegar a la entrada principal del Emirates Palace. Allí nos abrieron la puerta del coche como unas divas, cual Shakira o Maradona. ¡Qué decepción se tuvo que llevar el público! De allí salieron dos mujeres extrañamente ataviadas: una madame a lo inglesa con su atuendo desfasado y cursi, muy kitsch, y una chica de innombrables complementos descoloridos con un pañuelo en la cabeza y no para despistar, precisamente. Eso sí, las dos portaban dos mochilas de publicidad de L´oreal, ‘porque yo lo valgo’.

 

El palacio es brutal, es el icono de la capital del país y de su emirato. Está situado frente al mar y su edificio es de estilo contemporáneo islámico coronado por una enorme cúpula y 113 pequeñas. Se puede visitar gratuitamente a excepción de ciertas zonas a las que no se puede acceder si no te alojas allí. Merece la pena verlo, también hay numerosas vitrinas –siempre doradas- donde exponen piezas arqueológicas de estatuas y vasijas, champán de la marca del propio hotel, premios obtenidos,… nosotras vimos los preparativos para el día nacional que es este domingo, 2 de diciembre (cesta de dátiles pomposas cada una con un nombre, partes de la constitución de los años 70 cuando se conformó la nación con los siete emiratos como en la actualidad, y tartas adornadas con la bandera del país)

 

De allí queremos ir a la gran mezquita que está a las afueras -a unos 20 kilómetros, demasiado lejos del centro- pero nos dicen que los autobuses salen de Marina Mall y tardan como horas en llegar a causa del tráfico, y encima por ser viernes está cerrada al público hasta las 5 pm y a esa hora ya no hay apenas luz, y habría que volver al centro para coger el bus a Dubai de nuevo.

 

Así que andamos un poco hacia el centro por la corniche y encontramos una parada de autobús por donde el nº34 pasa hasta la estación central, donde llegamos. Lo cogemos al ratito –circula cada 20 ó 40 minutos, depende de la hora que sea- pagando en monedas.

OJO: no te cambian en el autobús, tienes que llevar los 2 dírhams por persona que cuesta por trayecto.

 

Pero antes de eso nos hemos hinchado de hacer fotos a cuatro rascacielos imponentes de forma curvada que se alzan frente al Hotel Emirates Palace. Y hemos descubierto también que los autobuses blancos –como si fueran vehículos antiguos de la escuela- son únicamente para los obreros de estas construcciones titánicas.

 

Llegamos a la estación de autobuses y rápidamente entramos en el centro comercial Al Wahda para comer. Como lo han ampliado, no hay muchos sitios de hostelería abiertos aún, pero encontramos una franquicia maja, ‘Always is Fridays’, donde comimos por 16 € -unos 75 AED- una hamburguesa doble con bacón y patatas, un plato –media ración- de pollo y pasta y una botella de agua (como no hay opción de alcohol se bebe mucho zumo y batido).

 

Antes de llenarnos con esa comida, nos topamos con una tienda de delicatessen de pastas, galletas, caramelos y turrones, ‘La Cure Gourmande’. Todo de Francia. Exquisito que te mueres y la presentación no podía ser más deliciosa. Nos llevamos trozos de cielo por 20 € y pico. Realmente sabroso todo, además te atienden super bien y te dan a probar estas delicias de pastas y chocolates. ¿Qué más se puede pedir? ¡Pues que sea gratis, ja, ja!

 

Aquí hay muchísimas tiendas desconocidas para los españoles, tanto de ropa como de accesorios o de papelería o una a la que entramos en la vendían disfraces, cosas para cumpleaños y mil historias más. La verdad es que a quien le guste comprar o entretenerse en escaparates, este país es el ideal, ¡y eso que no hemos visto la crème de la crème de los malls que está en Dubai!

 

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