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6 días en los Emiratos Árabes

Día 1 El viaje

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El gusanillo de conocer mundo andaba aún rondando el intestino cuando, buscando un destino económico y seguro que encajara con mis fechas libres, me decidí por Dubai.

 

La verdad es que, descartando por razones políticas actuales países como Egipto, Israel y demás, los Emiratos Árabes Unidos se destacaban como una opción limpia, sin conflictos y realmente a buen precio.

 

Así fue como en unas semanas, tras una ardua investigación turística del país, optamos por comprar los billetes a través de una agencia de viaje y liarnos el burka a la cabeza.

 

Salimos del aeropuerto de Málaga con la compañía Bristish Airways hasta Londres, concretamente al aeropuerto de London City. Y de allí hacemos trasbordo a la terminal 5 de Heathrow Airport, desde donde sale nuestro vuelo directo hasta Dubai, la ciudad más turística de los EAU, creada y diseñada estratégicamente para atraer visitantes con gran chequera, porque aquí se concentra lo más de lo más único del mundo, como su rascacielos más alto, el centro comercial más grande, el único hotel de siete estrellas (aunque dicen que no existe tal reconocimiento en la hostelería)… y un largo etcétera.

 

Ahora nos encontramos en el avión rumbo a la capital británica. Esta compañía que ha absorbido en gran medida a Iberia, reparte sándwiches y zumitos. Todo un lujo viniendo nosotras de vuelos con Ryanair. Je, je. Incluso te dejan llevar un equipaje de mano de hasta 23 kilos.

 

Todos los trayectos aéreos nos han salido por 1040 € dos personas ida y vuelta, y el hotel lo hemos buscado por nuestra cuenta a través de la web Booking, reservando un estudio por menos de 200 € por cuatro noches.

 

El primer fallo de la agencia de viajes Babilonia, situada en Estepona, fue decirnos que la maleta iba facturada directamente desde Málaga a Dubai. Luego mejor –pensamos- porque son muchas las conexiones para cambiarnos de aeropuerto en Londres y así iríamos más libres. Pues no. En el mostrador de facturación nos informan de que ya no es posible, desde el 11 S, hacer facturaciones directas entre conexiones aéreas por seguridad. Tras dos horas y media llegamos al London City Airport, ideal si vas al centro de la ciudad porque está más cerca y es más cómodo.

 

Una vez en suelo británico y tras coger el equipaje facturado, nos dirigimos al punto de información situado justo enfrente de la puerta de llegadas, donde acabamos de recoger la maleta. Allí preguntamos cómo llegar a Heathrow y con amabilidad nos indican que hay que coger primero el DLR (como un metro pero por arriba, al aire libre) hasta ‘Canning town’, y de ahí, bajando las escaleras mecánicas, tomar en el andén número 5, el derecho, el metro hasta ‘Green Park’ para luego cambiar de línea y tomar otro metro hasta Heathrow Airport terminal 5.

 

(OJO, coger bien este metro fijándoos que indica ‘terminal 1,2,3 & 5’, no la terminal 4 que va por libre).

 

Todo este trayecto se realiza en una hora y veinte minutos, pero nosotras, con nuestra torpeza de la primera vez, lo hicimos en 1h 40’. No hay necesidad de cambiar libras, se puede pagar el único ticket necesario para hacer todo el recorrido con tarjeta de crédito en la taquilla que está siguiendo la señal ‘DLR’ desde llegadas –a 20 metros, vaya-. El tique sale por 5,3 libras por persona. Realmente barato para lo que es el transporte público londinense. Contando por reloj, tardas de 15 a 20 minutos en plantarte en el centro de Londres, ¡una gozada!

 

Al llegar a la terminal 5 (no tirar la tarjeta Oyster del metro-DLR porque tienes que picarla también al salir del metro) te encuentras justo delante de ti a mano derecha unos mostradores que son para ‘dejar la maleta’ (bag drop off) si tienes, como era nuestro caso, las tarjetas de embarque. De esta manera evitas colas de facturación por si llegas justo de tiempo, así que siempre en vuelos de conexión, hay que preguntar al coger el primero si te pueden dar las tarjetas de embarque de todos.

 

Picamos algo en uno de los muchos bares y restaurantes que hay; un chico que trabaja en la cafetería Pret, donde comimos, se me acerca y me dice que él es de Eslovaquia y que si yo he estado en todos esos países representados con las banderas que llevo cosidas en mi mochila. Muy majo, ¡¡se sabe más banderas que yo de mi propio petate!!

 

OJO: ir con tiempo y ver la puerta de embarque, porque en estos aeropuertos las distancias son largas y te puedes llevar un buen susto y perder el vuelo.

 

El vuelo no iba muy lleno, el avión era enorme, con un pasillo anchísimo que indicaba larga distancia de vuelo. Lo bueno es que nos dieron dos asientos separados y no vino nadie, así que para dormir debía ser más cómodo. Lo normal, comida, pantalla con pelis, tv, música y demás.

 

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