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6 días en los Emiratos Árabes

Día 6.2 Safari por el desierto

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Finalmente tomamos el metro en la misma plaza para dirigirnos de nuevo al hotel donde nos recogerían más tarde, de 3 a 3:30 pm, para el safari en el desierto. Como los bártulos los habíamos dejado en recepción al entregar la llave de la habitación por la mañana, cogimos en un minuto ropa de abrigo volviendo a depositar las maletas allí. Al rato nos recoge un todoterreno enorme y nuevecito, con su conductor hindú y cuatro personas más, tres hermanas angoleñas pero londinenses, y su pai.

 

En algo más de media hora el paisaje ya había cambiado. Pasamos por uno de los palacios que tiene el jeque del emirato de Dubai y actual primer ministro de los EAU, Mohammed bin Rahid Al Maktoum (su segunda esposa es la hermana del rey de Jordania, Abdullah II), y paramos para desinflar las ruedas para introducirnos por las dunas en una carrera vertiginosa, con sobresaltos y gritos, y vuelcos de coche que no llegaban a ser tales. Poco tiempo pero interesante, para descargar tensiones.

 

Luego nos dejaron en un campamento (hay al parecer hay unos 20 por todo el desierto dedicado a este tipo de tour) donde nos dieron café o té y montamos en camello –una vergüenza, ni cinco minutos vaya, y el pobrecito camello no paraba de quejarse al arrodillarse- al poco de hacer las fotos a ese atardecer hermoso de Dubái desde donde nació la arena del desierto.

 

Si querías coger como un quad, pagabas aparte 100 AED por media hora. Te hacían fotos en el transcurso por si luego las querías comprar (con el halcón, vestidos con trajes típicos, con los camellos,…). Una zona de henna en la que te pintaban gratis un dedo y una de shishas donde podías fumar hasta morir. También un bar (todo gratis excepto bebidas alcohólicas) y una tiendecita. En el centro un escenario donde actuaron por la noche la bailarina con la danza del vientre y el tanura, un bailarín que, a modo de derviche, giraba y giraba sobres sus pies sin parar mientras hacía movimientos con los brazos y agitaba panderos y demás. La guinda fue su traje: la falda amplia que portaba se encendía con muchos colores, se la subía por encima de la cabeza y la bajaba otra vez. Increíble. Apagaron las luces y el espectáculo era completo. Muy chulo.

 

Unos aperitivos y la barbacoa después, para vegetarianos y carnívoros. Buenísimo todo. Nos encantó. Esperamos a nuestro transportista que nos llevó de vuelta por las dunas haciendo otro rally. Para 30 € por persona la experiencia, aunque pobre en algunos aspectos, merece la pena. A las 21:30 pm ya estábamos en el hotel para recoger las mochilas e irnos a la terminal 1 del aeropuerto donde esperaríamos casi cinco horas a que saliera el avión hacia Londres Heathrow.

 

Destacar que en este aeropuerto dubaití es la primera vez que paso un control de seguridad antes de facturar. Control de pasaportes, de nuevo control de seguridad, zona de duty free muy, pero que muy bien de precio (compramos cajas de dátiles por algo más de tres dírhams y una taza para la que nos perdonaron dos dírhams), y otro control de seguridad para acceder a la puerta de embarque.

 

Tras dormir un poco en esas casi siete horas de vuelo, llegamos a la terminal 5 como ‘transfer’ porque nuestro equipaje, por suerte esta vez, se facturó directamente a Málaga. Allí esperamos tres horas tomando algo en la misma cafetería que a la ida, Pret, y dando paseítos. Y por fin el vuelo a Madrid con algo de retraso.

 

De todas formas, como ya hemos comentado, no conviene relajarse mucho en las terminales una vez que salgas del avión, porque en ciudades tan grandes como Madrid que tiene tanto tráfico aéreo, moverse de una terminal a otra puede suponer perder la conexión si estás algo desorientado. Nosotras tardamos casi 50 minutos en llegar de la T4s a la T4, porque sales en una puerta de Barajas y tienes que andar mucho hacia tu destino, eso sin contar las veces que te pierdes. Añadid los controles de seguridad, los ascensores o escaleras mecánicas, el tren o bus que coges entre terminales en algunos casos… total, mejor esperar delante de la puerta de embarque a tener un chasco ya a la vuelta.

 

Finalmente llegamos a la ciudad de la luz andaluza, Málaga, capital de la Costa del Sol.

 

En la distancia y con el tiempo, el viaje se irá haciendo más mío. Iré modelándolo en mi mente con las palabras con las que contaré mis experiencias y así, de esa manera, no me habré sumergido sólo una vez en este país del Oriente Medio, si no tantas como viajeros lo quieran compartir.

 

 

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