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6 días en los Emiratos Árabes

Día 6.1 Burj Khalifa-Islas del Mundo

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Hoy toca un cita importante: subirse al edificio más alto del mundo, el burj Khalifa, casi nada. La mañana anterior compramos las entradas en el Dubai Mall. Se recomienda subir al atardecer pero normalmente siempre están agotadas. Desayunamos en una de las cafeterías del centro comercial y a las 10 de la mañana ya estábamos entrando -100 AED por adulto, unos 22 €-. Subimos a la planta 124 (aunque tiene 200, son habitables las 160 primeras) en un ascenso de vértigo, en el ascensor más rápido del mundo (¡tardó menos de un minuto!).

 

OJO, cuidado con los oídos y el mareo.

 

Las vistas son impresionantes, se ve todo de todo. El rascacielos es visible a una distancia de hasta 95 kilómetros; ayuda a que el país sea prácticamente llano. El observatorio de 360 grados tiene una parte sin techo, al aire libre pero con paneles de cristal cerrados, y otra cubierta con una tienda y unas sesiones fotográficas que te mueres de risa porque es un croma (fondo azul o verde) donde luego ponen la foto del burj Khalifa detrás y tú apareces en el borde del edificio o agarrado a una viga o trepando, depende de la posturita que cojas al hacerte la foto… es un puntazo, pero te cobran 300 dírhams por dos o tres fotos, carísimo, aunque ya os advierto que el regateo también se lleva en las alturas: al irme me las ofrecieron a la mitad de precio.

 

Al final estuvimos como una hora contemplando la ciudad de Dubái, desde el burj Al Arab y la palmera de Jumeirah, hasta el proyecto sin terminar de ‘Las islas del mundo’ (un conjunto de islas artificiales simulando los continentes donde se iban a construir chalets residenciales y demás, y ahora por la crisis, se paralizó y se están hundiendo varias extensiones de tierra). Aunque la entrada sea cara, ¡qué os voy a decir! ¡Es único!

Tanto en la entrada como en la salida no cesas de ver imágenes y proyecciones con el diseño, los planos, la  construcción, fotografías de algunos altos cargos… Recordad que hace unos años saltó a la luz pública la noticia de que por este ambicioso proyecto estaban pagándole a los obreros una miseria, obreros que, como ya hemos dicho, vienen de la India, Bangladés, Pakistán, ¡¡y han levantado esta maravilla arquitectónica en sólo seis años!! ‘Me llaman la bien pagá’, reza la copla… En fin.

 

Saliendo del Dubai Mall, hicimos una parada en la ‘Dubai Fountain’ para hacer una foto al reflejo de los rascacielos. Cogimos el metro luego hasta ‘Deira city center’, para pasear por el puerto de atraque de los dhows, embarcaciones de origen árabe que, dejando las cuidadas de madera para el turismo de crucero, transportan mercancías de y hacia Irán y otros países del golfo Pérsico. Tras andar un trecho y llegar a esa zona del khor, empezamos a ver esa realidad de la que hablaba en Sharjah, ese saber darle valor a las cosas que compramos y tiramos sin importancia.

 

Decenas de hindúes descargaban rollos pesados de alfombras sobre sus espaldas, cajas de pintura, garrafas de lejía, refrescos, especias,... Los trabajadores se amontonan en un café junto una mezquita, descalzándose, otros duermen en el suelo o sobre cartones, o donde pueden. Los dhows están hechos polvo. No sé cómo pueden aguantar los viajes y el peso en esas condiciones. Es tremendo. Seguimos andando acordándonos cómo antes tres hombres nos pidieron una fotografía, y guapos y orgullosos, sonreían con agrado.

 

Llegamos al centro comercial de las Twin Towers, las Torres Gemelas; no tiene pérdida, hay dos lonas tamaño rascacielos en cada cara de los dos altos edificios. Paramos dentro y descubrimos tiendas de pieles a mansalva. ¿Para qué con el calor soporífero que hace en este país?, nos preguntamos. Nos dicen que cerca se come el mejor shawarma de Deira, y allá vamos. A menos de diez minutos lo encontramos, take away, 5 dírhams por dos rulos, buenísimos a rabiar. Los comemos en la plaza Baniyas, junto a la fuente, punto de encuentro y ambiente de esta parte de Dubái.

 

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