corcega
EL TIEMPO
soleado
SOCIAL

5 días en Córcega

Día 4 Playas y Montañas

Página 6 de 7

 

Nos pusimos en marcha temprano rodeadas por una densa niebla más propia de un Londres de Jack el Destripador que de la isla de la belleza.

 

Muy convencidas de que la dichosa niebla bajaría rápidamente, nos plantamos en la playa de Santa Giulia, cuyas aguas cristalinas merecen su fama. Allí no vimos un nada. Tuvimos que poner rumbo a la ciudad de Porto Vecchio, a apenas cinco kilómetros aproximadamente. Pasamos con el coche por el casco antiguo. Bonito pero, o sería el sueño o la apatía, no nos bajamos del coche hasta llegar al puerto. Había un control de la Gendarmerie parando a los turismos pero a nosotras nos saludaron como reinas. Ja, ja. Ya en el puerto y teniendo una panorámica muy linda de la localidad con todos sus veleros, yates, lanchas y demás cosas que flotan, desayunamos vorazmente.

 

De nuevo probamos el objetivo playa del día. Desandamos nuestros pasos un par de kilómetros o tres y nos desviamos por una carretera al mar que indicaba playas de Palombaggia y Santa Giulia.

 

Traspasamos zonas residenciales de lujo a punta pala. Ahora sí, todo muy cuidado y protegido, y en armonía con el entorno. Chalés de piedra marrón y altos setos. Para encontrar las playas hay que obtener los planos de esa zona porque con tanto cartel de hotel cuatro estrellas y restaurantes pitiminí, olvidaron especificar los nombres de las playas. Así que, a nuestra bola y girando siempre hacia la izquierda buscando el mar, aparcamos en la carretera, en un arcén más ancho y vimos como dos residentes deportistas bajaban por un sendero. Allá que fuimos.

 

Y allí que estaba reposando la playa de Palombaggia. Hermosísima entre pinos y una arena suave, unas aguas transparentes, y bloques de piedras enormes sobresalientes en el mar. Tres chicas preparándose para montar en caballo por la playa. El paisaje invitaba a ser parte de él, a quedarte atrapado por la mágica brisa. No hacían falta sirenas para enamorarte de Palombaggia.

 

Como zombies subimos el sendero hacia el coche y probamos suerte con la otra playa, la de Santa Giulia. Dos intentos y llegamos al puerto. No nos resultó tan bonita como la anterior, y yo creo que no llegamos al punto caliente de esta playa. Pero de todas maneras, merecía la pena echarse un bañito allí, aunque el agua estuviera fría de narices.

 

Acobardadas nos fuimos finalmente hacia la montaña, a las Aiguilles de Bavella, siguiendo la nacional por la costa en dirección Bastia y desviándonos en Solenzara hacia el interior. Subimos todas las montañas del mundo francés conocido, pero nuestra cara de ilusión siempre llegaba primero. ¡Qué bonito, pero qué bonito! Una maravilla.

 

El río nos acompañó parte del camino mientras subíamos un cañón. Imaginaos los paisajes… increíbles. ¡Es que no te esperas encontrar tanta variedad en esta isla! Hicimos una parada para ver mejor esas aguas verdosas entre piedras blancas y el manto verde infinito del valle.

 

Continuamos ascendiendo y de repente vimos un cerdo salvaje. Cerdita en este caso, buscando y oliendo como loca en busca de comida. Mi pareja le dio un poco de bizcocho y la cerda, nada más olerlo, se fue detrás de ella a por más. Era una aspiradora. Absorbía todo lo que había en el suelo. La cerda que vio a la otra dentro del coche empezó a correr hacia mí y casi se come la cámara. Menos mal que comprobó que no era alimento y nos dejó.

 

Ya de nuevo en carretera vimos a crías de cerditos y demás miembros de la familia. El trecho final nos llevó hasta la localidad de montaña de Bavella y hasta el punto más alto donde empiezan muchas rutas de senderismo (de una, dos o seis horas… variedad a tope).

 

El macizo de Bavella parece que te traga. Se alza imponente hacia el cielo, y aunque lo hemos visto en todo el camino, aquí parece que es aún más grande, más hermoso y colosal. Las nombradas agujas de Bavella también están ahí, formaciones rocosas apuntando a dios en un escenario que pudiera ser perfectamente alpino. Gran parte de esta zona, pulmón verde corso, fue devastada por un gran incendio en 1960; tras mucho esfuerzo y labores de reforestación plantando hasta 120.000 pinos jóvenes, han conseguido que Bavella te deje boquiabierto. No hay que decir que este emplazamiento es idóneo para el amante del senderismo, montañismo y toda aquella criaturita que babee contemplando una belleza natural como es esta.

 

Como queríamos ir a Corte, preferimos volver por la misma carretera y subir por la costa hasta Aleria, y de allí desviarnos hacia la que fuera capital de Córcega.

 

También el camino hasta Corte nos desvela ríos y montañas verdes. El pueblo es otra joya corsa. Su fortaleza (o parte de ella) está en un risco, en lo alto del cerro. La estatua de Pascal Paoli nos enseña las calles empinadas y de piedra con fachadas altas y descuidadas. Esta ciudadela se hace pequeña al andar y su encanto, aunque breve, no pasa desapercibido por el turista.

 

En el último tramo de nuestra escapada en coche por Córcega, dirección al aeropuerto de Poretta, el de Bastia, vemos pueblos encallados en medio de la montaña, como suspendidos en su falda, sobresaliendo el campanario de su iglesia como estandarte. Más rápido de la cuenta recorremos los 50 kilómetros hasta el aeropuerto. Repostamos antes por 67 € los 870 kilómetros que hemos hecho en esta isla. Limpiamos un poco el tanque, preparamos las maletas, y dejamos el coche en Avis-Budget con el ‘ok’ de todo correcto del tío revisor que llama a la gente como si fuera perros, a silbidos o sonidos irrepetibles.

 

Dejamos los papeles en la oficina de Budget en la terminal de llegadas y descubrimos que tienen una pegatina con el email de esa oficina, cuando la chica al entregarme el coche me había dicho que no tenían email, que si dejábamos el coche después de las 19 pm que llamáramos al día siguiente por teléfono para comprobar que estaba todo bien, que es que no tenían email allí. ¡Serán capullos!

 

En fin, por suerte la experiencia con el coche fue muy buena y nos ha permitido descubrir rincones bellísimos de Córcega.

 

Como los horarios del bus a Bastia están conectados con los vuelos que llegan, no tenemos más remedio que esperar una hora y media en el aeropuerto (hay pocos vuelos, luego hay horarios desajustados del autobús), al menos hay wifi gratis y pasamos el tiempo, con eso y con un folleto turístico muy bueno en español que te proporcionan en la oficina de turismo del aeropuerto.

 

Pagamos otros 9 € por persona y a la media hora llegamos a Bastia de nuevo. Aprovechamos que una mujer se bajó en la plaza San Nicolás y nos bajamos nosotras también, pero como teníamos las mochilas abajo, nos dijo el chófer que aligeráramos y así fue como abrí el motor del autobús en vez del portaequipajes. Ja, ja.

 

Unos diez minutos a pie hasta el hotel Posta Vecchia donde dormimos por 60 € con baño sin desayuno (no había nada más barato por internet en el casco antiguo de la ciudad). Desde luego que por el precio no merecía la pena mucho pero eso es lo que había. El ascensor, enmoquetadas las paredes, eran tan pequeño que sólo cabía una de las dos con las mochilas.

 

Dejamos los bártulos y salimos a cenar algo por el puerto viejo. Optamos por un mejicano-braserie y demás donde por 34 € nos tomamos hasta un cóctel de piña colada. Todo muy rico, petado hasta la puerta, y con un viento que soplaba que te tiraba en la calle.

<< Prev - Próximo >>