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5 días en Córcega

Día 2 De Calvi a Cargèse

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A las 7 ya estábamos en pie para aprovechar la luz solar porque nos parece un poco de vergüenza que nos apaguen las calles a las 19 pm.

 

Desayunamos por el camino. Hemos pasado el pacífico desierto de Agriates, zona agreste y árida al norte de Córcega, entre Saint-Florent y L’Île-Rousse. Ahora estamos frente a la playa de blanco arena de Ostriconi.

 

Llegamos en un salto –y ojalá fuera metafórico- a L’Île-Rousse  y vamos directamente al puerto para ver el faro y la torre amarilla tierra que dibuja el horizonte. Todo nos resulta precioso y tranquilo pese a que hay turistas allí.

 

En camino, las carreteras siguen muy despejaditas, no como cuando salimos del aeropuerto de Bastia a Bastia ciudad, que era una cola brutal. Aquí se conduce de momento a tu aire, muy tranquila.

 

Llegamos a Calvi pasando por la Balagne y sus pueblitos lindos. Calvi tiene el reconocimiento dudoso de ser la población natal de Cristóbal Colón –se dice que es genovés pero igual cruzó a esta orilla… - . No hay casa natal ni nada porque se destruyó, sólo le han puesto una escultura allá adosada a la muralla de Calvi , en la ciudadela. Tiene una fortaleza muy chula desde donde hay vistas panorámicas interesantes. Callejuelas de tiendas majas y poco más.

 

Hacemos una parada en la iglesia de Notre Dame de la Serra, que está a las afueras de Calvi en una carreterita que se desvía a la izquierda dirección Porto por la costa.

 

Desde allí la panorámica es alucinante, merece la pena. Decidimos ir a Porto por la carretera del interior, al menos hasta la población de Galeria, pero creyendo que íbamos a ver ríos no vimos nada de eso, aunque fue realmente hermoso: valles de encinas y pinos, bosques frondosos y verdes extendidos como un manto por las colinas… Genial. Paramos en un mirador a comer lo del supermercado.

 

Vemos la reserva natural de Scandola, el golfo de Girolatta, con tonos rosados preciosos. Salen barcos para visitar esa zona durante algunas horas por 46 ó 52 € por persona, dependiendo también de si ves el golfo, las grutas o más allá.

 

Por fin llegamos a Porto y desde la carretera se divisa el precioso pueblo con su castillo. Bajamos hasta el puerto, aparcamos pagando cincuenta céntimos la hora, y nos damos una vuelta. Es muy pequeño pero bonito. Se puede visitar la torre genovesa ubicada en el puerto sobre un peñasco por 2,5 € por persona (no hay descuento para discapacitados). En el puerto hay un puentecillo muy gracioso y delicado por el que se accede a la playa de Porto. Dicen que los atardeceres de aquí son espectaculares.

 

Paramos en un Spar arriba en la carretera y compramos vino corso (en Calvi compramos embutidos de la tierra que huelen de escándalo y te lo envasan al vacío: tienda Annie Traiteur, en rue Clemenceau). Nos comemos unos helados y tiramos hacia las Calanches de Piana, unas formaciones rocosas anaranjadas que toman forma de perro, castillo, corazón,… hay muchas rutas en esa zona, todas indicadas –tiempo que tardas y demás-.

 

Nosotras hacemos la de treinta minutos para ir al castillo y merece la pena porque las formaciones son alucinantes y parece que están en un paisaje de fantasía o plastilina. Y las vistas al mar son increíbles. Esa ruta, aunque corta, es dura y difícil para personas con movilidad reducida, mayores y niños. Ojo con no resbalarse.

 

En las Calanches hay más turistas y es carretera de montaña así que mucho cuidado; hay sitios para aparcar por el camino para hacer fotos o estirar las piernas o simplemente, perderse en el paisaje. Alrededor de un 1,7 km antes de llegar al cartel de entrada al pueblo de Piana (desde Porto, me refiero), se encuentra a la derecho lejos a la formación del corazón que sale en muchos folletos turísticos de Córcega. Si no lo sabes es difícil verlo porque no lo indica.

 

Paramos en Piana y allí nos indican cómo encontrarle, y así, contemplamos el atardecer viendo un corazón de fuego hecho de piedra.

 

Bajamos la montaña y llegamos a Cargèse donde nos alojamos en el hotel Cyrnos, por 48 € habitación doble con baño en la calle principal. El dueño es un poco seco y desagradable, pero bueno, no dormimos con él. Je, je.

 

Salimos a cenar a la pizzería U Tragulino –o algo parecido- y nos dan una pizza que está que te mueres por 10,50 € (está en una calleja que sale a la calle principal de la República, no tiene pérdida). Y a dormir.

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