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5 días en Córcega

Día 1 Livorno-Cabo de Córcega

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En pie a las 6:30 am esperando a que abrieran la cafetería del hotel para abastecer a nuestros atontados estómagos. El buffet era completito. Cogimos dos cruasanes y un plátano para las cuatro horas que dura la travesía en barco. ¡Taxi! Y en la oficina de Corsica, que está junto al barco enorme de la misma compañía, nos dicen que ya con ese papel impreso que imprimimos desde España cuando compramos los billetes de barco online, es suficiente para embarcar.

 

Un hombre con chaleco amarillo pasa una máquina por el papel y nos da una etiquetita adhesiva. Felices, nos metemos por la gran boca del ferry donde aparcan los coches. Subimos escaleras infinitas hasta llegar a lo más alto, al aire libre, y desde allí vemos Livorno.

 

Hay tumbonas plegables para tomar el sol y camareros de uniforme amarillo. Nos agenciamos asientos tipo bancos para dormir un rato y que se haga el viaje cortito. Y para entretenerme, me aventuro con dos partiditas a las máquinas de videojuegos de estas antiguas de toda la vida, que sólo saben luchar en las calles o jugar al fútbol… También hay una grúa de esas que nunca cogen peluches y te gastas el doble al finan que si lo hubieras comprado en la tienda directamente. La infancia es lo que tiene.

 

Llegamos media hora más tarde, a las 12:30 pm, al puerto de Bastia, y tuvimos que esperar los últimos para desembarcar. Fuimos a la oficina de turismo que está enfrente del muelle de atraque de Corsica Ferries, en una gran plaza rectangular que hay, la plaza de San Nicolás. La chica muy simpática nos informa de que el autobús para el aeropuerto de Bastia-Poretta sale en 5 minutos desde una rotonda cercana a la plaza, donde está ubicada la prefectura.

 

Echamos una carrera pero vemos a pocos metros cómo el autobús se marcha a las 13 horas y nada. ¡El siguiente pasa a las 14:30! Hacemos tiempo volviendo a la oficina de turismo y confirmamos el precio del bus nos sale por 9 € por cabeza (se compra por trayecto, no existe un ida y vuelta).

 

La idea de ir al aeropuerto no es un error de texto, es que hemos alquilado allí, a través de Internet y desde España, un coche con la compañía Budget (era el que nos salía más barato con diferencia y encima la franquicia era muy inferior a las otras).

 

Tuvimos problemas cuando hicimos la reserva porque no nos llegaba el mail de confirmación y ya me lo habían cobrado, pero tras varias llamadas a la central de atención al cliente, nos enviaron el código de reserva y obtuvimos la confirmación.

 

Aun así, lo que incluía el precio total no concordaba con lo pagado. No tuvimos más opción que volver a llamar de nuevo a la central para que no tuviéramos problemas en Bastia. Nos dijeron que pasarían nota interna. Y aquí estamos, delante de Budget, tras 30 minutos de autobús, y después de que la chica de turismo llamara por nosotras para avisarles de que recogeríamos el coche una hora más tarde.

 

Como ya habíamos pagado los 88 € -4 días- que costaba el modelo básico, el A, queríamos añadir 48 € para asegurarlo a todo riesgo y no tener problemas luego, desentendernos. Eso hicimos pero los incompetentes me dicen que me cobrarán 35 € más por tarifa administrativa si el vehículo tiene algún daño al devolverlo. ¿Cómo te quedas? ¿Entonces yo estoy pagando el doble para asegurarlo a todo riesgo por la cara? Lo dicho, unos listos. Y encima tenemos que entregarlo antes de las 19 pm porque ellos cierran, y no se hacen cargo luego de si pasa algo. Vamos, una estafa.

 

Nos dan un Citröen Berlingo, un tanque de coche, con regulador de velocidad que me viene de escándalo para mi pierna. Y ahí salimos hacia el cabo de Córcega, el dedo de esta isla, la parte norte, con muchos pueblecitos productores de vino, mucha tranquilidad y un manto verde de bosque hermosísimo.

 

La carretera este, subiendo al norte del cabo es buena, montañosa, con curvas y travesías de pueblo, pero en buen estado el asfalto. Luego la cosa se complica porque hay una buena parte de la carretera del oeste, camino a Saint-Florent, que no existe prácticamente. Es brutal. No hay socavones sino parches de carretera quitados -pendientes de obra, nos imaginamos-.

 

Las vistas son impresionantes. El sol va cayendo y acaricia estos pueblos corsos con dulzura, torretas incluidas. A veces se ven unas calitas de ensueño, con aguas de un azul intenso, como las de Mallorca.

 

Las curvas, subidas y bajadas se suceden hasta que atardece y la noche nos pilla ya en Saint-Florent. Habíamos planificado la ruta de hoy para dormir en un camping en L’Île-Rousse pero mi espalda y el cansancio me matan. Vamos preguntando en hoteles y campings de Saint-Florent hasta que encontramos uno que no estaba completo –los tres anteriores llenos hasta la bola- por 50 € la noche con baño fuera. Todo es caro en esta isla…

 

El hotelito frente al mar en el paseo marítimo, está muy bien cuidado, muy familiar. Para los interesados se llama Sole Mare. Antes de las 20 horas vamos al supermercado Spar del pueblo Saint-Florent, abierto por los pelos, y nos abastecemos para desayunar y comer para el día siguiente.

 

Caímos muertas en la cama. 130 kilómetros de curvas en el día de hoy.

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