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Albacete: Tres días por tierras manchegas

Día 2 Yeste-Letur-Albacelte-Hellín

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Descansadas, ponemos rumbo a Yeste bajo una lluvia ligera. Visitamos su castillo enclavado en lo alto de un promontorio, adornado, en uno de sus muros, con una bella ventana gótica. A continuación pasamos a descubrir otro elemento importante de esta villa: su iglesia. Construida a lo largo del dieciséis, guarda numerosas obras de escultura, pintura y algunos retablos.

 

Tras dar una última vuelta para acercarnos a ver el convento de San Francisco, el cual conserva un elegante claustro del siglo XVIII, cogemos el coche para visitar otro punto importante de nuestro trayecto: Letur.

 

Saliendo de Yeste, tomamos el primer desvío a la derecha que está aún sin señalizar (toda esta zona está de obras). Así cruzamos el embalse de Fuensanta obteniendo una perspectiva única del mismo desde la carretera. En el camino nos encontramos con amplias extensiones de cerezos en flor, acentuando un poco más si cabe la belleza del paisaje.

 

Finalmente llegamos a Letur. Vamos al casco antiguo el cual está muy bien conservado, declarado además de interés Histórico-Artístico,  para ver la iglesia gótica-renacentista, sus típicas calles estrechas con casas encaladas, la charca natural de Las Canales, el cementerio viejo, el mirador de la Molatica, desde donde se aprecia la sierra que rodea la villa,… etc. Un sinfín de lugares de interés para que el turista pierda la noción del tiempo disfrutando de cada bello rincón del que está considerado como uno de los pueblos con más encanto de la Sierra de Segura.

 

Conducimos de nuevo para seguir aprovechando el día. Pasamos por Elche de la Sierra y luego hacemos una parada en Ayna, conocida como ‘la suiza manchega’, no sin antes detenernos en el mirador del Diablo situado a pie de carretera.  En esta localidad, se rodó allá por el año 1989 la película de José Luis Cuerda, ‘Amanece que no es poco’, y el pueblo ha aprovechado el tirón para crear una ruta del filme donde apreciaremos las localizaciones exactas.

 

Tras subir y bajar cuestas, hacemos un alto para comernos unos bocadillos que nos habíamos traído preparados. Antes de salir de Ayna, decidimos comprar dulces de la zona. En esta ocasión tocó algunas tortas de manteca y una especie de mantecados de vino.

 

Como el tiempo estaba mejorando considerablemente, optamos por ir a la capital de la provincia, Albacete, para visitar su catedral. En sus alrededores, desde donde parten numerosas calles comerciales, nos detenemos en el museo municipal de la cuchillería, no podía ser de otra manera, ubicado éste en un edificio de fachada gótica con azulejos verdes, conocido como Casa del Hortelano, que ya de por sí es francamente bonito.

 

A eso de las cinco de la tarde salimos de Albacete por la A-30, dirección Hellín, la ciudad del tambor, instrumento protagonista de su internacionalmente conocida Semana Santa. Allí compramos un cojín térmico de semillas naturales en una feria intercultural que había en pleno centro.

 

Sin entretenernos mucho, nos dirigimos a casa, cruzando la Sierra de Segura por la comarcal 412. Paisajes preciosos, cerezos, suaves colinas y montañas acariciadas por el atardecer.  Paramos de nuevo en el embalse de Fuensanta desviándonos en un cruce para bajar hasta la misma presa.

 

Retomamos la carretera CM-3206 hacia Yeste cruzando de nuevo el embalse hasta llegar a nuestra querida aldea de Plañel. Una buena ducha para descansar y un plato sabroso de espaguetis con atún acompañado de una cerveza bien fría.

 

 

 

 

 

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