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Albacete: Tres días por tierras manchegas

Día1 Málaga-Plañel

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Partimos, el sábado 26 de febrero, desde la capital de la costa del sol, Málaga, con destino a Plañel, una recóndita aldea de poco más de 25 habitantes, situada en el Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima, rodeada de fértiles huertas, terrazas de olivos, cerezos, manzanos e higueras, inmersa en sierras boscosas de encinas, pinos, enebros, lentiscos, quejigos y multitud de especies vegetales de hermosas flores y aromas.

 

Sobre las 11 de la mañana, tomamos la A-92 dirección Granada. Tras contemplar el blanco manto que cubre sierra Nevada, continuamos por la misma autovía hacia Guadix. Optamos por hacer un alto en el camino y así poder degustar el magnífico dulce de esta región granadina: el pionono, un bizcocho enrollado cubierto de crema o huevo. Para ello, basta con desviarse un poco de la carretera para acceder a una de las estaciones de servicio donde normalmente se pueden adquirir estos pastelillos.

 

Continuamos hacia la localidad de Baza, cogiendo la A-92N, para luego desviarnos por la A-330 hacia Cúllar, y de ahí dirección Huéscar. En este trayecto, empezamos a apreciar otro tipo de paisaje más abrupto y desértico, plagado de oquedades a cada lado de la carretera: son las famosas casas cuevas. Esto nos recuerda un poco a los hogares de adobe de los magrebíes que, camuflados por la tierra rojiza-amarillenta del Sáhara, pasan casi desapercibidos a la vista del turista.

 

Hay que poner un poco de atención una vez que lleguemos a Huéscar porque tenemos que tomar el desvío hacia Castril a mano izquierda, y éste se encuentra un poco escondido. A pocos metros, dejamos esta comarcal A-326 para seguir por una pista asfaltada por la derecha, la secundaria A-4301, que nos lleva a través de unos paisajes nevados de ensueño, con algún que otro cortijo perdido entre las suaves colinas de ambos lados.

 

Subimos una montaña, y después de parar para lanzarnos bolas de nieve y estirar las piernas, seguimos el camino bajando hacia Santiago de la Espada para tomar la carretera de la circunvalación Santiago-Pontones, dejando por el camino las aldeas de Vites, La Muela, Las Juntas, Parolis,… etc. El río Zumeta, afluente del Segura, nos acompaña este último trayecto, con un color esmeralda-turquesa, enfilado por una hilera de árboles que lo escoltan por todo este precioso y amplio valle del Segura.

 

Por fin, y tras 6 horas de viaje, nos desviamos por la A-65 hacia la localidad de Alcantarilla, antesala de nuestra aldea destino, Plañel. Aquí nos alojaremos en Las Taneas, unas cabañas rurales emplazadas en un paraje tranquilo, que será nuestro campamento base para movernos en estos días festivos por la provincia de Albacete.

 

El precio total por pernoctar en la espaciosa cabaña en estos dos días, es de 70 €, dos personas, baño y cocina incluidos, con un precioso porche donde poder tomar un té observando, privilegiadas, los miles de millones de puntos blanquecinos que arropan este cielo nocturno. Ideal para relajarse y disfrutar de la naturaleza. Este enlace www.taneasrural.com engloba toda la información necesaria sobre este alojamiento así como las actividades y lugares que se pueden visitar en las cercanías.

 

Tras acomodarnos un poco, decidimos probar la comida de la zona pese a que estábamos ya un poco pasadas de hora. Para ello nos dirigimos, por la misma carretera A-65 dirección Yeste, a Arguellite, donde nos espera el restaurante Valle del Águila en la parte alta de la pedanía. Allí comemos un potaje de garbanzos con acelgas, un arroz al horno con salchichas y morcilla, y otro plato de ciervo con patatas a lo pobre, sin olvidarnos de unos entrantes de cortesía del conocido como “relleno de carnaval” (algo parecido a un pastel de carne con panceta, chorizo, harina y muchas especias que antiguamente se solía degustar en carnaval), más dos botellines de cerveza Estrella Levante, todo esto por tan sólo 12 euros.

 

Alegres y con la panza llena, terminamos de explorar la aldea descubriendo una tienda de ultramarinos que, pese a ser pequeña y no tener mucha variedad, nos puede salvar de más de un apuro a la hora de cocinar algo en la cabaña.

 

Volvemos sobre nuestros pasos para descansar el resto de la tarde en nuestro hospedaje temporal de madera, y prepararnos así para las rutas del día siguiente.

 

 

 

 

 

 

 

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